¿Es hora de pensar en los animales silvestres al proyectar las ciudades?

¿Es hora de pensar en los animales silvestres al proyectar las ciudades?

Andrés Mejía Álvarez

Puede ser obra de las redes sociales, tan ávidas de contenido inmediato y efímero. Pero cada vez con más frecuencia, se sabe del avistamiento de especies animales silvestres en el perímetro urbano en el Quindío. Hace cerca de un año se presentó por lo menos un par de incursiones de perezosos en vías de alto tránsito vehicular. Las tomas de un yaguarundí –una especie de puma más pequeño- por un barrio del norte de Armenia, generaron en partes iguales, admiración y preocupación de parte de la comunidad. Incluso yo mismo, saliendo de mi casa vi hace poco un águila harpía madre con su polluelo. Eso sin contar con especies exóticas que, en principio, presuponen casos de tráfico ilegal.

“Estas especies siempre han estado en nuestros ambientes urbanos y periurbanos”, me explica la bióloga Diana Carolina Valencia Zapata. Profesional de la subdirección de Gestión Ambiental de la Corporación Autónoma Regional del Quindío – CRQ y líder del proyecto de diversidad biológica desde el área de conservación, accede a recibirme en su oficina, para hablar del tema. “Sin embargo en los últimos años se ha hecho más fácil verlos porque salen más. Contamos con muchas fuentes hídricas en los municipios, rodeados de coberturas vegetales que son el hábitat de guatines, armadillos, perros de monte, zorros perrunos, incluso de especies amenazadas como los monos nocturnos”.

-Bueno, pero esos son pequeños mamíferos. Un yaguarundí es un animal de más envergadura- interpelo.

-Pues no son tan fáciles de ver, por lo que generan mayor sorpresa, pero hay que tener en cuenta que la zona en la que se registró conecta directamente con sectores como Hojas Anchas, o La Cristalina, en Circasia. Realmente estos acercamientos se deben a la expansión urbanística que tenemos; cada vez los condominios campestres están más cerca de sus áreas y terminan generando una presión mayor en ecosistemas, incluso si son lugares de tránsito.

La cuestión acá, más allá de la emoción primaria de tener el encuentro, de subirlo a redes y de recibir likes, es que nos estamos metiendo en sus entornos naturales, quitándoles tierra y posibilidades de alimentación. Porque lo más seguro es que ellos ni quieren, ni necesitan ver humanos tan cerca. Y estas épocas de construcción de los Planes y Esquemas de Ordenamiento Territorial en los municipios representan una oportunidad para pensar, tal vez por primera vez, en la fauna con la que compartimos el territorio.

Lo que se sabe y adónde apunta

La CRQ, como autoridad ambiental en el departamento, ya ha trabajado en el tema. Cuenta Valencia Zapata que entre 2022 y 2025 se generó una línea base que establece el inventario de flora y fauna urbana en los 12 municipios del departamento, lo que arrojó unos insumos cartográficos que permiten una zonificación de elementos como parques, antejardines, cementerios o fuentes hídricas, para identificar puntos clave de conectividad.

“Siempre que hablamos de procesos de conservación, debemos tener en cuenta las posibilidades de conectividad, que permiten que los animales transiten entre zonas de una manera segura”, reitera la bióloga. Esta condición es más imperativa para unas especies más que para otras. No es lo mismo una familia de armadillos que puede encontrar su sustento sin moverse de una cañada, que la de un oso que debe transitar grandes extensiones para hacerse a su comida. El punto acá es que nuestros pueblos y ciudades se edifican entre quebradas y cañadas, creando una especie de tejido que termina afectando a la fauna.

En concordancia con esta visión, la CRQ adelanta desde el año pasado un proyecto que busca identificar los conflictos más frecuentes asociados con la fauna silvestre en ecosistemas urbanos. Entre los fenómenos que más se repiten se encuentran el atropellamiento, una situación que también se da en zonas rurales y que se presenta cuando, en medio del hábitat natural de un individuo aparece, por obra y gracia del ‘progreso’ una vía. Las víctimas más recurrentes son los anfibios, las serpientes, las arañas, perros de monte y zorros perrunos, pero se lleva la corona del animal más colisionado, la zarigüeya.

-Se ha hablado en varias oportunidades, de la necesidad de crear puentes o túneles para que no deban enfrentarse a los carros-, le sugiero.

-Sí, pero es una infraestructura costosa. Existen los pasos aéreos, pero solo funcionan para especies arbóreas. La otra opción son los ecoductos –que pasan por debajo de las carreteras-, que requieren de mayor inversión. Estuvimos en algún momento evaluando la posibilidad de habilitar para esto los box coulvert –esas entraditas de concreto al lado de la vía que sirven para el desagüe- de la Autopista del Café, pero descubrimos que era más complejo de lo que esperábamos.

La problemática no es de despreciar: incluso las aves aparecen en el registro de atropellamiento animal de la corporación, que se precia por ser una de las que más actualizados tiene estos datos. “En los separadores generalmente hay flores y oferta de alimento, lo que los hace bajar a estos lugares, y cuando toman vuelo se encuentran con un camión”, puso de ejemplo.

También se habla, en el diagnóstico, de la electrocución. El despliegue de las redes eléctricas para darle cobertura a zonas pobladas por humanos ha llevado a que animales acostumbrados a las alturas encuentren en cables de alta tensión su fallecimiento. “Hay puntos muy específicos en los que se presenta mayor incidencia del tema. Hemos tenido acercamientos con la Empresa de Energía del Quindío – EDEQ, y se han mostrado prestos a generar las condiciones que permitan mitigar el riesgo”, me explica.

También aparece en el ranking de amenazas, el colisionamiento de aves con ventanas, una situación más frecuente en la medida en la que la expansión de la ciudad hace que los constructores busquen áreas más rurales para edificar y prometer en la valla que será como vivir en la naturaleza.

“Es un tema que a veces se invisibiliza, pero que se convierte en un factor de extinción local, además que acá recibimos muchas especies migratorias. La tendencia es a levantar edificios muy altos, con grandes ventanales y cercanos a coberturas vegetales. Aunque es un tema muy nuevo para dar pautas, lo más básico sería poner unos stickers, u oscurecer un poco los vidrios para que el ave alcance a verse reflejado y no choque. Es algo en lo que estamos trabajando con un estudiante de la Universidad del Quindío”, me cuenta.

En el mapa de riesgos, Valencia Zapata menciona también la alimentación asistida. “Los guatines, por ejemplo, se volvieron las mascotas de la comunidad, debido a que es un individuo muy carismático. Hay estudios de casos en los que se presenta una especie de sarna, de problemas en la dermis de los animales, por el consumo de alimento con sal; o la transmisión de enfermedades zoonóticas, porque de la misma comida comen el perro, el gato y el guatín. El problema es peor aun cuando el individuo enfermo regresa a sus comunidades, generando una infección mayor”.

Ojalá estos hallazgos fueran tomados en cuenta para proyectar los municipios, y que lo que se establezca para su crecimiento ordenado tenga en cuenta a esos otros seres sintientes que también tienen derecho al territorio. No esperamos vivir como en portada de Atalaya, abrazados a un león mientras el sol resplandece al fondo de la laminita, pero podría ser el primer paso para hacernos responsables y buenos vecinos. Ahí la puyita, con todo cariño.

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