Es bien sabido que los colombianos tenemos un historial electoral que podría llamarse por lo menos ‘complicado’, como por no decir otra cosa, si entendiéramos como ‘complicado’ una sumatoria de ataques sistematizados entre ideologías de diferentes colores, no solo físicos, sino también psicológicos y personales, por lo general de mal gusto, altamente parcializados y con muy poco sentido del humor. Yo mismo soy el primer culpable de este último.
Hicimos una quijotada. Igual, este proyecto siempre ha sido eso. Pero luego de haber prometido que El Cuyabran Post regresaba en el mes de enero, nos vimos a gatas para cumplir. Y es que el mundo gira rápido y las obligaciones nos atosigaron a principios de año. Pero cumplimos, así sea faltando un día para el plazo. Y debemos confesar que volver a la labor nos devolvió algo de vida…
Queer
Pocos autores la tienen tan clara como Luca Guadagnino, que viene casi que completando una década de éxito en éxito. Y se puede destacar que su resultado es integral, logrando una buena opinión de los críticos y cifras que sustentan con suficiencia la taquilla. Aún así su Challengers parece ser ignorada por la temporada de premios, y ni que decir del otro filme que presentó en 2024: la adaptación de la novela ‘Queer’, de William Burroughs. Su alter ego, William Lee, se pone en los zapatos de Daniel Craig, que ofrece una de sus mejores y más arriesgadas interpretaciones; y es que pasar de ser el más crudo de los James Bond a adoptar un personaje abiertamente gay es una apuesta que no todos los actores de acción tendrían las agallas de aceptar.
Con un buen ritmo y una adaptación preciosista que parece ya marca de fábrica de Guadagnino, vemos como las aventuras homoeróticas del protagonista y la posterior obsesión por un joven fotógrafo en México, desemboca en otro tipo de narrativa en la selva amazónica de Ecuador, adonde la pareja va a dar en búsqueda de la ayahuasca; un viaje movido por los fuertes intereses del escritor para explorar rincones de su inconsciente por medio de las drogas. Sin embargo, esto es un papel de envoltura para la historia real: la de un hombre profundamente solitario, en búsqueda de aceptación, inseguro de sí mismo, que termina depositando en el sexo, las drogas y el amor, el componente esencial de su propia identidad.
Paralelas
Debemos estar acostumbrados, como colombianos, a que la música de la costa Atlántica encuentre caminos de exploración, fusión y comercialización lo suficientemente sólidos como para sacar cada cierto tiempo un hit que pegue en los ranking. Para los sonidos del interior, sin embargo, la cosa no resulta tan clara, y éxitos como Coqueta de El Heredero continúan siendo una rareza. Aún así entre algunos círculos artísticos muy cercanos al academicismo, están pasando cosas interesantes con artistas como Velandia y La Tigra, Lucio Feuillet o Las Añez. Juanita y Valentina Añez llevan ya un tiempo regalándonos una música tanto tradicional como contemporánea a partes iguales, con laboratorios donde sus propias voces se encargan de la armonía, se emparejan instrumentos andinos con secuenciadores y samplers, y se deconstruyen la sintaxis de la canción tradicional para despertar la sorpresa, el recogimiento o la sonrisa.
Paralelas, lanzado ya en 2023, se mantiene sobre esta línea pero de alguna manera, llevando el experimento hacia un sonido más accesible, incluso abriendo el álbum con un reguetón marcado por un reclamo ante las expectativas que se tienen del cuerpo femenino (De curvo cuerpo). Por el camino, las artistas encontrarán el lugar para exaltar lo que un amor sincero debería ser en medio de una secuencia de 8 bits (Canción de amor), una plegaria a modo de joropo electrónico por el cuidado del planeta acompañado por la leyenda Cholo Valderrama (Señal del viento). Las hermanas puede que no gocen de la vitrina de figuras más mainstream, pero es un honor y una alegría saber que ahí están, haciendo crecer la música, evitando que se anquilose en una formulita comercial, siendo la respuesta colombiana a una Björk o a una Juana Molina. Se les quiere mucho.
7Siff
Decía Julio Cortázar que la novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe ganar por knock-out. La metáfora apunta a que la complejidad propia de un relato corto se debe a su poca extensión, lo que obliga a incluir menos personajes y arcos argumentativos: como autor debes presentar las motivaciones, darle desarrollo a una historia y un final que estalle para lograr un impacto en el lector. El arte de la síntesis se convierte en el talento que un cuentista debe desarrollar. Con obvias y guardadas diferencias, este concepto se puede extrapolar y transferir al cine: mientras más corta la película, mayores exigencias de guión, dirección y edición se deberán desarrollar para lograrlo.
Por eso resulta apasionante pasarse por las redes sociales y la página web de 7Siff (7 Seconds International Film Festival), una iniciativa que tiene lugar en Buenos Aires, Argentina, con una premisa que no puede ser mejor: compiten filmes de 7 segundos de duración. Lo que podría sonar en un principio como una experiencia de vídeo ensayo, cine arte y experimental, sorprende por el manejo exquisito que sus participantes (obvio, los mejores son los ganadores de cada edición) le dan al restrictivo formato para recrear los géneros del cine comercial. Las películas, exhibidas en cines Multiplex de la capital argentina, y luego en las plataformas digitales, son firmadas por cineastas amateur y estudiantes, y premiadas por un jurado internacional y por el público. A propósito, las inscripciones para la edición 2025 están abiertas hasta agosto en su website 7siff.com.