Hay que abonarle al presidente Petro su intención por reestablecer los lazos de Colombia con Venezuela. Sin importar si esto surja de una postura política similar o no, es innegable que vivimos mejor si estamos bien con el vecino. El primer resultado importante se dio, como ya se esperaba, en el comercio binacional, reactivado casi que inmediatamente se abrieron las fronteras. Y uno de sus mayores éxitos podría venir con la unión entre las petroleras de ambos países. Sea cual sea el modelo de articulación de ambas compañías, es un gana-gana para ambas naciones, así desde las toldas uribistas se rasguen las vestiduras por estar negociando con un dictador.

La ecuación es simple y contundente. PDVSA ostenta un lugar en la lista Clinton y una sanción levantada de manera temporal, aparte de no tener un músculo financiero suficiente para poder operar. Pero no se nos puede olvidar que Venezuela es el país con mayores reservas de petróleo del mundo, incluso por encima de los Emiratos Árabes. Ecopetrol, por su parte, tiene un aparato productivo activo, los equipos, el personal, la solidez empresarial requerida para poderse encargar de la explotación del hidrocarburo. Pero, enmarcada en el proyecto de transición energética hacia fuentes más limpias, no realizará más exploraciones, lo que representa una desaceleración de sus actividades a futuro.

En caso de firmarse la alianza, Colombia se estaría asegurando de un recurso gigantesco y salvaría a su homóloga venezolana. El negocio no solo incluye petróleo: con la articulación, también habrá gas para un país que debería estar asegurando sus reservas para alimentar las termoeléctricas, en caso de un recrudecimiento del Fenómeno del Niño origine una reducción sustancial en las represas de la red de hidroeléctricas. Y esto es bien importante, porque de la electricidad generada por Colombia consumen ambas naciones.

Llevémoslo más allá: los hidrocarburos son esenciales para la producción de insumos agrícolas; otra de las propuestas que parecen avanzar de manera satisfactoria en el ámbito de las relaciones binacionales, enmarcado todo bajo la iniciativa de recuperar la compañía Monómeros, y reducir la dependencia que tenemos de los agroinsumos provenientes de Ucrania. Esto representaría un alivio para un sector agrícola ahogado por los costos de producción y estaríamos, ambos países, dando un paso adelante en la seguridad alimentaria de las poblaciones.

Sin embargo, todo depende. Y como ha pasado en los últimos años a lado y lado de la frontera, depende de las decisiones de sus mandatarios. La comunidad internacional está presta a reaccionar al desarrollo de las elecciones en Venezuela, en donde el presidente Nicolás Maduro muestra signos de querer intervenir en los resultados, cerrándole el paso a una fuerte aspirante de la oposición como lo es María Corina Machado. Y para recuperar algo de popularidad entre los votantes, ahora le dio por entrar en disputa por 3/4 partes de su vecino, Guyana, particularmente en la zona del Esequibo. Malas credenciales que podrían arruinar un negocio con Colombia que a todas luces se ve promisorio.

Este tipo de oportunidades no se ve todos los días. Y acá es donde los dirigentes quedan en la historia. Mucho depende del ánimo, del carácter, de cómo se jueguen las cartas. Maduro parece estar olvidando el as que tenía en una mano, tratando de preservarse en el poder con un conflicto que no parece entender del todo. Y por ahí derecho, juega con el porvenir de su pueblo y de un acuerdo que podría ser, tal vez, el mayor desarrollo en todo lo que lleva en el poder.

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