Después de tantos años de conflicto armado, de que no todos tengamos las mismas oportunidades, y de que no se garanticen nuestros derechos, nuestra confianza frente a los demás no es la misma. Y son esas pequeñas violencias las que han fracturado lo que los estudiosos llaman el tejido social. Por eso, cuando hablamos de Paz, no se debe simplificar el término como la ausencia de armas, porque la Paz se compone de pequeños arreglos que nos devuelvan la confianza en el otro, que nos lleven a hacer acuerdos y a construir en colectivo.

“La palabra vale más que la firma” nos decían nuestros abuelos. Por eso decidimos buscar en esa sabiduría tradicional. Y qué mejor para rememorarla, que recuperar esos saberes y sabores en riesgo de perderse. ¿Cómo traerlos de nuevo a nuestra dieta? Trabajando con nuestros vecinos para cultivar los alimentos que hoy se nos hacen raros, para recordar cómo se preparaban y servían, para devolvernos el derecho a decidir sobre nuestro territorio y a cómo comer. Le estamos apostando a que sumemos voluntades para erradicar el hambre y reparar esas pequeñas heridas que no nos han permitido reconciliaciarnos.

Alrededor de este objetivo, unidos, estamos sembrando la semilla de un futuro diferente, cosechando oportunidades para un mejor mañana. Acompáñanos a labrar los senderos de otra realidad, surgida de nuestras manos y gestada en nuestros acuerdos.

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