Por: Daniel Cardona
¿Ser o no ser hincha del Deportes Quindío?
Cada año nuevo, para los hinchas del milagroso, se convierte en un verdadero martirio por el devenir del equipo, fichajes penosos, nula información o novedades, y la continuación de la total mediocridad administrativa y deportiva que ha caracterizado al equipo en las últimas décadas, con especial deterioro en los últimos 10 años.
Por lo anterior y por incontables motivos que no son objeto de análisis en este espacio, vale la pena, al menos, plantear algunas dudas existenciales: ¿Existen motivos para apoyar un equipo que de Quindiano solo tiene el nombre? ¿Qué incentivos existen hoy para ser hincha del Deportes Quindío? ¿Incentivar a que las nuevas generaciones apoyen al Deportes Quindío?
Para empezar, es pertinente realizar -con ocasión al cumpleaños de la institución-, una breve reseña histórica del equipo y de esta manera poder cuantificar la importancia histórica, sociológica y económica que representó la fundación del cuadro “milagroso” en el entendido que uno de los principales móviles que hoy exista el departamento del Quindío como entidad administrativa descentralizada fue precisamente la creación de un equipo de fútbol en el año 1951; esto es, 15 años antes de la separación del territorio que hoy conocemos como Quindío del departamento de Caldas.

Por lo expuesto, podemos afirmar que la iniciativa de notables ciudadanos de la época que convencieron a un equipo de fútbol de jugadores Argentinos (especialmente Rosarinos) que se encontraba realizando gira de exhibición en Colombia a que se estableciera y representara al municipio de Armenia, fue el primer y uno de los principales catalizadores de la gesta independentista para que hoy nos podamos auto concebir como Quindianos y Quindianas así como del concepto de “Quindianidad”.
Ahora bien, es interesante contrastar la concurrencia histórica entre las bonanzas sociales y económicas que ha tenido la ciudad de Armenia con el desempeño deportivo del equipo; es así como en la mitad del siglo XX nuestra ciudad, y en general la región, gozaban de prosperidad y crecimiento demográfico acelerado, generado principalmente por la caficultura y la puesta en operación de la estación del ferrocarril que convirtió al Quindío en un punto logístico clave para la conexión del comercio regional con el océano Pacífico.
Este mismo periodo coincidió con la etapa dorada del Deportes Quindío gracias a la consecución del primer y único título de primera categoría del fútbol profesional Colombiano en 1956; así como otros 2 subcampeonatos en la misma década, consolidando al equipo como un protagonista permanente en el campeonato nacional y representando con gallardía los colores del departamento próximo a nacer, con la V en el pecho característica de su uniforme.

En el mismo sentido, la decadencia y pérdida de identidad de la institución a principios de los 2000 estuvo precedida por la catástrofe del terremoto de 1999 y las posteriores crisis sociales, económicas y políticas que el departamento no ha logrado superar: evidenciándose en atrasos de toda índole respecto de las ciudades vecinas, reflejándose en crisis de gobernabilidad con alcaldes condenados por actos de corrupción, y con un rezago industrial y de generación de empleo alarmante. Si la ciudad esta mal el equipo esta mal.
Es así como, en medio de tantos problemas locales, ni el equipo ni el municipio de Armenia cuentan con recursos para continuar compitiendo en la liga Colombiana, y en hechos que no han sido aclarados con suficiencia, el equipo cambia de propietarios por medio de un comodato que inclusive hoy sigue siendo debatido en estrados judiciales. El nuevo propietario (el cual no vale la pena si quiera mencionarlo), ha convertido desde hace más de 25 años al otrora glorioso Deportes Quindío en una escuela de fútbol, un equipo vitrina para promover a los jugadores que conforman su patrimonio.
Con lo expuesto a lo largo del texto el lector podrá responder de manera personal la pregunta de apertura ¿Ser o no ser hincha del Deportes Quindío?

Personalmente nunca dejaré de apoyar de forma obstinada al equipo de mi tierra, siendo consciente que mis motivos son pasionales y no racionales y obedecen a sentimientos más ligados al sentido de pertenencia. Soy consciente que en mis 15 años asistiendo al estadio Centenario y siguiendo al “Milagroso” he recibido muchas más decepciones que alegrías, pero mis convicciones no piden nada a cambio para mantenerse; el sufrimiento también construye identidad.
No es mediocridad o conformismo, y como todos los hinchas Quindianos anhelo un cambio total en el manejo del equipo; solo exigimos una institución que nos represente con dignidad, una institución que refleje la esencia del Quindiano noble y luchador, que proteja y potencie al equipo como patrimonio colectivo de todos los Quindianos, sean o no hinchas del Deportes Quindío, y que así las nuevas generaciones puedan tener la misma pertenencia y amor por lo suyo, tal como los fundadores del equipo tuvieron. Larga vida al “Milagroso”, y como decía una pancarta realizada por la barra popular del Quindío el día del cumpleaños del equipo “la peor lucha es la que no se hace”. Pronto cesará la horrible noche y nos liberaremos del Ángel que cayó del Valle, así como Armenia retomará la senda de la prosperidad que, nuevamente en coincidencia con el Deportes Quindío, perdió desde el inicio del siglo XXI.

