No aclares que oscureces: las implicaciones del nuevo decreto en la jornada única

No aclares que oscureces: las implicaciones del nuevo decreto en la jornada única

Ah cosa verraca, la aplicación de normas de obligatorio cumplimiento y que nacieron en diferentes circunstancias, tiempos y contextos. Quienes hayan trabajado en el sector público en Colombia lo podrán confirmar; en ocasiones resulta complejo alinear decretos, resoluciones y programas que, desde una mirada general parecen tener alguna coherencia, pero que a nivel de detalle descubren las grietas de un sistema que se sostiene como por inercia, como el muro de los Reyes, los protagonistas de Pasión de Gavilanes.

En un puzzle de ingenio y creatividad como el que describimos, se les convirtió a los rectores de las instituciones educativas estatales del país, la puesta en marcha de los nuevos lineamientos expedidos por el ministerio de Educación mediante el decreto 0277 del 12 de marzo de 2025; un documento que consigna algunas modificaciones en el horario de la jornada escolar, la asignación académica de los docentes, y el cumplimiento de la jornada laboral en establecimientos educativos estatales de educación formal, es decir los colegios.

No suena preocupante aún, lo sé. Pero si se tiene en cuenta que el apego a estas disposiciones podría estar poniendo en riesgo a la Jornada Única de las instituciones, a la formación de sus estudiantes, a la estabilidad laboral de los educadores, al ingreso económico de los rectores y al complemento alimenticio que representa el almuerzo ofrecido por el PAE, la cosa cambia. Sí señores: la superposición del decreto con normas anteriores pero aún vigentes parece estar agitando peligrosamente a las comunidades educativas del país.

Un problema matemático

Son las 3:00 de la tarde de un viernes. El sol inconmovible cae sobre Calarcá lacerándole el rostro, avisando la proximidad de una lluvia segura. En el auditorio de la institución educativa San José están reunidos todos los rectores del Quindío. También toda la secretaría de Educación departamental. La escena configura un cuadro renacentista en la que algunos buscan dónde sentarse, otros toman café de pie, charlando distendidos sobre alguna banalidad. Sin embargo, esta calma es una delicada capa bajo la cual subyace la preocupación. Una preocupación que asoma en las expresiones de todos los presentes una vez inicia la reunión.

El encuentro fue convocado el 21 de marzo por el Quindío como Entidad Territorial Certificada en Educación con un solo objetivo: analizar cómo resolver el acertijo que se les formula desde el gobierno central. Aunque ya conocían el borrador del decreto con anterioridad, todos aceptan repasar lo que establece la nueva norma, que dicta, en cuanto a la jornada escolar, un horario de 25 horas semanales de clase para los estudiantes para Básica Primaria (es decir, 5 horas diarias), 30 a la semana para Básica Secundaria y Media Académica (6 horas al día), y 37 para Media Técnica. Esta intensidad horaria queda consignada en unidades de tiempo de 60 minutos.

-El decreto aclara unos puntos que estaban muy gaseosos en el 1850 del 13 de agosto de 2002 (referente a la organización de la jornada escolar y la laboral), y que además es compilado en el Decreto Único Reglamentario del sector Educación- me cuenta, al margen de la discusión, el rector del Instituto Tebaida, John Alexander Giraldo.

-Escuchando la exposición me llama la atención lo dispuesto con el descanso…

-Sí, el decreto dice que éste forma parte de la actividad pedagógica y de desarrollo de cada estudiante, por lo que se deben destinar 5 minutos de cada unidad de 60 minutos de clase para darle cabida al descanso pedagógico. Ahora, el rector tiene la posibilidad de distribuirlos a lo largo de la jornada, por lo que podría considerarse un recreo de 30 minutos por jornada, si se concerta con el Consejo Directivo y el Consejo Académico que se sumen todos los descansos.

Es decir, hasta ahora nada riñe con nada en establecimientos de jornada mañana o jornada tarde: estamos hablando de un tiempo de actividad académica de 6 horas al día (5 para primaria), que coincide con la exigencia para los docentes, de permanecer 6 horas continuas en las sedes donde trabajan.

¿Vamos bien o es momento de releer? Ok, continuemos.

Ni Baldor se atrevió a tanto

Una fuente de la secretaría de Educación departamental que pidió no ser identificada (por aversión a la fama, no porque esté diciendo nada confidencial) me cuenta en entrevista, que si bien los tiempos de la jornada académica correspondiente con los estudiantes, y los que por Ley los docentes deben cumplir en presencialidad en las instituciones sí coincide con las jornadas de la mañana o la tarde, la correlación se va complicando en la medida en la que la categoría del colegio va aumentando.

-En el encuentro les propusimos a los rectores con grupos solo para la mañana o solo para la tarde, que concertaran con los docentes las modificaciones que se iban a implementar, frente a sus asignaciones y el plan de estudios: ellos no tienen mayor inconveniente. El problema principal frente a la interpretación y aplicación del decreto es para la Jornada Única, porque se incrementa una hora adicional para desarrollar actividades de cultura, arte, deporte, recreación, ciencia y tecnología.

Teniendo en cuenta que en Básica Secundaria y Media serían poco más de 7 horas y media de clase diarias, pero descontándole los 35 minutos de descanso que suma la intensidad horaria, la matemática nos arroja una suma aproximada a las 6 horas y 25 minutos. Pero ojo, que acá no hemos contado el almuerzo: de acuerdo con el decreto 501 de 2016, en el parágrafo 1 del artículo 2.3.3.6.1.6, “la diferencia entre el número de horas de permanencia diaria y el número de horas diarias dedicadas a actividades pedagógicas corresponderá al tiempo de descanso y el almuerzo de los estudiantes durante la Jornada Única que se estima en una (1) hora diaria”. O sea, un total de 7 horas y 25 minutos de jornada escolar: Casi una hora y media de diferencia entre la estadía de los estudiantes y de los docentes, que son los llamados a hacer acompañamiento constante a los alumnos durante su estadía en los colegios.

-Los que no tienen jornada única en todos los niveles, gozan de más maniobrabilidad, porque en la media, por ejemplo, habrá por institución educativa, un máximo de 5 o 6 grupos. Esto les permite cubrir, con el personal docente que tienen esas jornadas, y organizando horas dispares de entrada y salida de los educadores.

-Pero esto no funciona así con los colegios que son enteramente de jornada única…

-Son ellos los que cargan el problema. El caso es que el decreto se expidió el pasado 12 de marzo y es de inmediato cumplimiento. Es decir, ya tenemos que estar ejecutándolo, por lo que se le pidió a cada rector, mientras articulan con su planta docente una solución temporal, hacer un análisis de las particularidades de sus instituciones para identificar las necesidades que tenga cada una y examinar su viabilidad con la dirección Administrativa de la secretaría.

En un limbo jurídico

El panorama, además de difuso, es complejo y lleno de incertidumbres. En la reunión se abordaron opciones, como la contratación de horas extra para cubrir el tiempo restante: habrá que consultar, a futuro, la disponibilidad presupuestal proyectada a finales de la vigencia pasada para atender la actual. También existiría la posibilidad de vincular a más docentes, pero en principio eso reñiría con la relación técnica establecida por la Nación (que determina la cantidad de docentes y coordinadores con base a la cantidad de estudiantes o de sedes). En este último caso, desde el departamento se ha consultado reiteradamente a la cartera nacional para buscar la modificación de la fórmula, que ya a todos les parece obsoleta. Y sin embargo, no se puede olvidar que los bajos índices de matrícula presentados de la época de la pandemia para acá, no ayudan para mantener una comunidad académica robusta en general.

-Esto tiene un trasfondo mayor porque hablamos de la contratación de horas extra, la necesidad de más profes, la redistribución de sus asignaciones, y genera que la dinámica cambie- opina Tatiana Hernández Mejía, la secretaria de Educación del Quindío -Estamos en un periodo de transición, y estos cambios lo hacen más complejo, porque la etapa de planeación se hace desde principio de año, pero el decreto entró en vigencia terminando el primer periodo académico de la vigencia.

Soluciones temporales, se sabía, mientras de parte del ente central llegaba el ABC de la implementación del decreto, que se esperaba para luego de Semana Santa. ¿Una buena noticia? El documento se adelantó y arribó esta semana. ¿Una mala? No aclara la duda que tiene volando a todo el sector educación del país.

-Esperábamos tener una mayor claridad con respecto a aquellas instituciones donde la Jornada Única está implementada, en relación con las modificaciones de la jornada laboral que hoy nos trae el decreto, lo que genera un sinfín de interpretaciones al tratarse de una norma relativamente ambigua.

-¿Y ya ha llegado respuesta de los rectores sobre la manera en la que se está abordando la situación?

-Aún no. Hoy estamos en atención a verificar en cada Institución Educativa el escenario de cada una, sobre todo de las que tienen Jornada Única. Estamos en ese ejercicio de verificar cómo hacen la redistribución, de si se hace la disminución de la jornada con respecto a esos 5 minutos de descanso pedagógico y de cómo adecuar la norma de la mejor manera. Vamos a aprovechar que la semana entrante tenemos un encuentro de secretarios de Educación para abordar al ministerio y lograr una claridad al respecto, porque lo que queremos es tener un bienestar claro para nuestros docentes, pero además que tengamos una jornada escolar que le funcione a los niños, niñas y jóvenes.

Esbozando el peor escenario

Mientras llega una respuesta que satisfaga de parte de Mineducación, se cierne sin embargo un escenario catastrófico: La salida más drástica, que representaría la desaparición de la Jornada Única: el modelo implementado por el ministerio para fortalecer las competencias básicas y ciudadanas de los estudiantes, mejorar los índices de calidad educativa, y reducir los factores de riesgo y vulnerabilidad a los que se encuentran expuestos los alumnos en su tiempo libre; todo hay que decirlo: los colegios brindan algo más de seguridad que la calle en términos de alejar a esta población del consumo de alcohol y alucinógenos, actividades delictivas e incluso reclutamiento armado o de bandas de microtráfico.

Pero esto es solo el murmullo de algo grande que se acerca. Porque si se acaba la Jornada Única, no existe justificación técnica, jurídica, ni financiera, para que continúe el almuerzo entregado por el PAE. De acuerdo con cifras de Educación departamental, dejarían de entregarse 11.000 almuerzos diarios (dos millones 090.000 de estas raciones al año), a una población que corresponde con el 35% de la población estudiantil en los 11 municipios del departamento, exceptuando a Armenia (Y eso que no consultamos con la secretaría municipal, para hacer un cálculo más redondo).

El coco también asusta a la planta docente. John Alexander Giraldo, el rector del Instituto Tebaida, hace un cálculo que la secretaría no se atrevió a sustentar para evitar caer en errores, pero que nos acercan a la realidad.

-Por cada 4 grupos de secundaria que estén en jornada única y que desaparezcan, un docente queda liberado porque se queda sin asignación académica. Esto es porque, si estamos hablando de 5 horas semanales por cada grupo, nos da al mes 20 horas, que es más o menos la asignación laboral de un profesor. Y por cada 5 grupos de primaria que se cierren, es un docente menos. Estos tendrían que ser reubicados en alguna parte, pero lo más seguro es que no haya dónde, y eso significa que en algún momento estos perderían su trabajo.

Incluso, los rectores llevan las de perder, si se tiene en cuenta que en los colegios donde más del 60% de su estudiantado se encuentra en jornada única, sus directivos docentes ganan un sobresueldo del 55% que dejaría de percibir.

-Esto va a tener unas implicaciones grandísimas en el departamento porque le puedo asegurar que más de la mitad de las 54 IE del departamento están en jornada única- me comenta con una risa nerviosa. Desde El Cuyabran sugerimos unas cuantas razones adicionales para ponernos más incómodos: procesos como la entrada en marcha del Sistema Nacional de Educación y Formación Artística y Cultural – Sinefac o la articulación con la educación superior adelantada en el Quindío de unos años para acá, se quedarían en el aire, y los objetivos de reducir la brecha entre los egresados de las entidades públicas y las privadas crecería de manera demencial. La secretaria de Educación suspira lentamente.

-La Jornada Única es la política pública a la que le apunta el ministerio para generar un impacto importante en la formación integral de los niños, niñas y jóvenes. Acá no estamos hablando solamente de tener a los niños una hora más en la institución, sino de un escenario mucho más grande de formación para los niños- confiesa -Desmontarla no es solo pensar que ya no vamos a tener a los profes o a los niños determinada cantidad de horas, sino que además hablando de la cantidad de docentes que necesitamos; de cómo está adecuada la infraestructura; del PAE, que es una de las condiciones sine qua non para que funcione este modelo, y por eso los gobiernos departamentales y municipales le apuntamos a avanzar en estas estrategias de acceso y permanencia, y que no tendrían cabida si hablamos de la desaparición de la Jornada Única.

Entonces, así está la cosa. Se espera que se avance en algo en la próxima reunión de secretarios de Educación, programada para los días 3, 4 y 5 de abril, en donde ya se había planteado discutir de nuevo lo de la relación técnica (recuerden, la cantidad de docentes frente a la cantidad de estudiantes) y ahora la implementación del decreto 0277 del 12 de marzo de 2025, para evitar la desaparición de este modelo, que a todas luces nos conviene a todos. Mientras tanto, será esperar y buscar entre Gobiernos, rectores, docentes, e incluso padres de familia, la manera de buscarle la comba al palo.

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