La Mata ya no Mata 2: Buscándole la ruta al mercado del CBD

La Mata ya no Mata 2: Buscándole la ruta al mercado del CBD

Cannabis. La sola mención de la palabra asusta a muchos todavía. Muestra de esto fue la fuerte discusión que se generó la semana anterior con la primera entrega de este especial. Los comentarios de quienes rechazan a rajatabla a la planta y quienes conocen de sus posibilidades dio para todo, incluyendo algún transeúnte de las redes que con tan solo ver el tema que estábamos tocando decidió tratar a los consumidores como faltos de aspiraciones, delincuentes y enfermos.

Esa fue la verdad absoluta en Colombia durante muchos años, aunque el negocio nunca decayó. Por el contrario, se sofisticó, llegando a desarrollos en el cultivo y la transformación que llevaron al producto colombiano de la natural Santa Marta Gold tan difundida en la bonanza marimbera de los años 70, a cepas de cultivos hidropónicos con porcentajes más elevados de THC. Todo un caldo de cultivo para emprender, con la excusa de atacar el flagelo de la droga, millonarias inversiones en seguridad que dejaron a su paso todo lo contrario: guerras entre ollas, encarcelados, muertes.

Y mientras en el país nos dábamos palo entre nosotros por órdenes de un macartismo estadounidense impuesto, en otras latitudes fue el pensamiento científico el que primó, originando investigaciones en torno a sus propiedades y usos. Fue entonces cuando la comunidad médica encontró en esta estigmatizada planta, una promesa de gran valor en torno al tratamiento de más de 55 tipos de afecciones sin efectos colaterales.

La entrada del CBD al mercado regulado en Colombia

Si en la primera entrega de este especial hablamos del tetrahidrocanabinol o THC –es decir, el componente que traba- bajo fórmula médica, en este segundo informe nos enfocaremos en el cannabidiol o CBD, la molécula que es considerada como una de las respuestas orgánicas más efectivas para el dolor crónico, inflamaciones, cáncer, convulsiones, cuadros depresivos, diabetes y ataques microbianos, además de ser antioxidante, ansiolítico, inmunomodulador, neuroprotector, sedante e incluso, y al mismo tiempo, supresor y estimulante del apetito.

Habría que esperar hasta 2021 para que el Gobierno nacional decidiera autorizar el CBD. Esto se dio gracias al decreto 811 y la resolución 227 de 2022, que establecen condiciones para el uso industrial de hojas, tallos o granos, y su transformación. El punto central, sin embargo, es el mecanismo que establece para el otorgamiento de licencias y cupos para hacer de la labor de los productores, algo con viabilidad jurídica. Al ser un cultivo con tan buenos márgenes de rentabilidad y en el que, hasta los subproductos tienen una demanda sólida, esta reglamentación pareció ser una oportunidad de oro.

“El deseo de los agricultores como yo es tener una mejor forma de vida, que el campesino no sea el último en la cadena productiva de este país. Con la licencia se nos abrió una oportunidad de tener un mejor nivel de vida para nuestras familias a través de la legalidad”. Este es Pedro Juan Tobón Ocampo, que junto con su familia tiene un pequeño cultivo de prueba en su finca. Para esto, el agricultor obtuvo una de las licencias, así como el permiso del ICA para el manejo de semillas a nivel nacional. Pero, luego de sortear con éxito los engorrosos trámites asociados –al ser cannabis medicinal, la vigilancia que hace el ministerio de Agricultura se suma a la de Salud y Justicia-, los réditos aún están demorados.

¿4 años perdidos?

“Hubo un boom cuando el Gobierno empezó a vender estas licencias y mucha gente consideró oportuno meterse a comprarla. Pero entre comprarla por un valor de entre 25 y 40 millones de pesos, adquirir la semilla y hacer todo el proceso, montar una hectárea de cannabis medicinal puede valer entre $1.500 y $2.000 millones” indica Álvaro Pedraza Osorio, asesor adscrito a la Región Administrativa de Planificación y Gestión – RAP del Eje Cafetero y Tolima. “Los empresarios han hecho un esfuerzo enorme en términos financieros y de organización empresarial para establecer sus cultivos y explorar mercados. Por ejemplo, hablando con empresarios de Caldas, me cuentan que este año tienen que pagar impuestos por cerca de 25 millones de pesos sobre las licencias que tienen desde el año pasado y no han recibido el retorno a la inversión que han hecho”.

Con el riesgo de caer en el terreno de la especulación, son muchos los actores de la cadena que consideran perdidos 4 años en los que hubieran podido avanzar más rápido en la consolidación de una industria del CBD: los del periodo Duque. Son numerosas y ampliamente conocidas las historias de grandes inversiones que terminaron en nada por la falta de voluntad política, e incluso medios nacionales como La Silla Vacía llegaron a tocar el tema.

En recorrido por su invernadero, Tobón Ocampo detalla lo que hay detrás de una producción a pequeña escala: “La infraestructura está hecha en guadua y es de tamaño mediano, y costó unos $100 millones. Debe mantener energía eléctrica porque a las plantas hay que darles luz adicional, deben tener riego por goteo para la optimización de agua y el manejo sostenible del medio ambiente, necesita ventilación para la aireación y el control de plagas. Hubo además que comprar las plántulas, porque para cumplir con la normatividad del CBD hay que manejar variedades con un máximo de THC del 0,08%, cuando normalmente puede llegar al 19%. Es un negocio costoso, muy especializado y complejo en las vueltas que hay que hacer, porque en este país no es fácil cumplirle al Gobierno”.

El horizonte al que le apunta la cadena del CBD

El viraje en la postura del Gobierno con la transición Duque-Petro es algo que los empresarios de la cadena dan por hecho. Incluso se habla de que, a lo largo de esta administración, los derivados medicinales del CBD sean incluidos en el Plan Obligatorio de Salud – POS, para habilitar a los médicos a formular estos productos como parte de la atención a los regímenes subsidiado y contributivo. Con esto en mente, entidades del orden regional como la RAP Eje Cafetero y Tolima empiezan a apoyar lo que, a todas luces, es un cultivo promisorio.

“Según fuentes oficiales, en los 4 departamentos de la RAP hay más de 100 licencias compradas por empresarios. De estas, hay 20 activas: un promedio de 5 o 7 por departamento, que corresponden con procesos de transformación de derivados”, señala Pedraza Osorio. La asociatividad es otra de las herramientas que los licenciatarios están moviendo para mover la rueda: “Hemos acompañado la creación de los Comités Departamentales de Cannabis a través de un acompañamiento al sector privado y la institucionalidad. En el Tolima ya se expidió el reglamento y el acuerdo de competitividad, y está en procura de que el ministerio de Agricultura lo reconozca. En Quindío se ha avanzado también, y está pendiente la validación y formalización del acuerdo de competitividad, igual en Risaralda y Caldas”, añade.

En este sentido, desde la entidad se ha programado la realización de una gran convención nacional de la legalidad en el Quindío, que se realizaría entre el 18 y el 21 de julio de 2024, y que ofrecerá jornadas académicas con conferencistas nacionales e internacionales, además de una muestra representativa con los productos licenciados. “Adicionalmente, y como ya se ha hecho con los sectores de café especial y cacao en la región, la RAP busca llevar a un grupo de empresarios a ferias internacionales de bioeconomía en Estados Unidos y Europa”, indicó.

Veremos entonces si la historia cambia y el país por fin se abre a una posibilidad importante que se ha empeñado en rechazar. Una que sumaría ingresos a las finanzas nacionales y regionales, que aprovecharía las inmejorables condiciones de Colombia para su cultivo, que podría ser el próximo producto estrella del Eje Cafetero al generar la mejor rentabilidad de todas las apuestas agropecuarias existentes en el territorio. Y que además le devolvería viabilidad y dignidad al campo. Don Pedro Juan Tobón lo reconoce: “Si otros países lo hacen, por qué nosotros solo ponemos la sangre, los muertos y los presos. No estamos en contra de nadie, producimos como gente de bien, que trabaja para hacer un país mejor: cultivamos plátano, yuca, naranja; despachamos a nuestros hijos a la escuela”.

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